Roraima: Bitácora (Un Año Después)

            Soy una persona extremadamente impaciente y sí algo he ido aprendiendo en mi formación académica y profesional como fotógrafa, es que a veces es mejor esperar por el momento preciso, tanto para hacer las fotografías, como para ver y analizar los resultados. Otro hecho fundamental en mi vida reciente, que ha reforzado esa idea de la espera y de la paciencia, fue subir el Tepuy Roraima hace un año exactamente.

            Esta reflexión sobre ese maravilloso #DestinoFotoArte que cerró con broche de oro el año 2014, lo empecé a escribir en enero de este año. No pude escribir más que un párrafo. Durante el primer trimestre intenté continuar varias veces y no pude, emocionalmente no estaba preparada. Mientras escribo estas líneas, dudo y me pregunto, ¿estoy lista?.

            Aún no lo sé.

            Haré un breve ejercicio de memoria, cómo si hubiese llegado ayer, con los pies hinchados y con los ojos y el alma llenos aún de inmensidad y de tanto verde, de una luz hermosa y de una compañía maravillosa.

Paraitepuy – Río Tek – Río Kukenán.

            Los ves, son hermanos, uno al lado del otro desde la creación y separados por movimientos telúricos, la tierra misma así lo quiso. Su magia y misterio, te enamoran desde lo lejos.

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Respiras profundo.

            Creo que todos compartimos esa sensación de ansiedad-angustia-¿qué coño hago aquí?, al momento de arrancar… Nos cae una llovizna. Sacamos los ponchos y es falsa alarma.

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Mario Gonçalves sacando el poncho…

Cruzas el primer riachuelo y te encuentras a las primeras personas que vienen de regreso, lo primero que llama la atención es la sonrisa esplendorosa con la cual te saludan y te afirman con vehemencia “Es maravilloso”.

            La sabana, árida y verdosa, te acompaña durante todo momento. Al frente tuyo, los dos colosos te seducen y te invitan constantemente a alcanzarlos.

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Eres torpe y distraída; y ese hecho de vida no va a cambiar por muy cautelosa que quieras ser. Te doblas el tobillo de una manera tonta y te asustas. El poder mental es superior al dolor y sigues adelante.

            Perteneces (orgullosamente) al “grupo de los lentos”, o sea a los que van detrás de la ambulancia; y como nuestro maravilloso guía Igor Elorza de Autana viene con nosotros, él empieza a relatar historias sobre el tepuy y la zona desde su formación geológica hace miles de millones de años. Es realmente fascinante, si fuiste a parar a ese sitio imponente sin tener ni la menor idea de su historia. Fue una decisión consciente no saber nada, la idea era ser sorprendida en todo momento. Lo logré.

También logré llegar al campamento del río Kukenán, ya a oscuras, pero tuvimos la divina oportunidad de pasar por la capilla de Misioneros justo al atardecer y ver como la luna salía por la Proa del Roraima.

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Por la Proa del Roraima se asoma una tímida luna…

Magia de la más pura.

 Y mientras nos bañábamos en el Kukenán, perdí la franela.

Así como boté mi iPhone 4 en Los Nevados.

A Dios gracias por mis moros del alma querida y a mi Arlette, quienes se apiadaron de estos 180 grados de ahuevoneamiento y prestaron par de franelas, pa’ continuar.

Río Kukenán – Campamento Base.

            Igor ha organizado infinidad de viajes al Roraima y siempre nos dijo que era mejor cruzar el Kukenán esa primera noche, en vez de acampar en río Tek, por sí llovía en la noche y el río amanecía crecido.

            Me críe al lado del Aeropuerto Nacional – Internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía, así que para mí es común el ruido del motor de un avión. Tremendo lapsus mental y un “¿Dónde estoy?” cuando desperté esa mañana. Había llovido hacia el tepuy Kukenán y su río estaba crecido. El ruido se equiparaba al de un motor de avión, simplemente impresionante tanto el sonido, como el caudal del río.

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Kukenán: río y tepuy imponentes en el amanecer… 

           Este trayecto fue el más exigente, en términos físicos, para mí. El calor sofocante e implacable. Mis pies sentían un recorrido interminable, con cada paso que daba; y en esas condiciones la mente puede empezar a flaquear y lo hizo. Tanto, que llegó un momento en el que Igor nos regañó porque descansábamos más de lo que caminábamos. Acto seguido, hice algo que nunca había hecho en estos encuentros intensos con la naturaleza, audífonos pa’ los oídos y a escuchar música para distraer la mente.

            Cuando pase el temblor Unplugged de Soda Stereo marcó ese momento de la vida, en el que caminé entre las piedras hasta que sentí el temblor en mis piernas y más allá…

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Descansandito a mitad de camino.

 

            Llegas por fin al Campamento Base y te bañas en el agua más helada en la vida. Siempre pensé que eso de sentir miles de agujas pinchándote mientras te bañas en agua extremadamente fría era una metáfora de gente exagerada. La ignorante evidentemente soy yo.

 

            La temperatura bajó para el resto de la jornada. Hablamos, nos maravillamos, bailamos y gozamos frente a la pared. A la “Madre de Todas Las Aguas” no le gustó mucho esto. Empezó a llover.

La Pared y la Cumbre.

            Esa mañana estaba aterrorizada. Estás a nada de lograr la meta, pero es la parte “más cabilla”. Para mí en cierto modo no lo fue, la adrenalina era tal que mi organismo estaba sobreexcitado e iba a un ritmo superior al mío. Y también tenía a alguien especial muy cerca, quien sirvió de bastión mental. Definitivamente la fuerza es mental.

            Cuando tocas la pared, es algo mágico e incomprensible. Bueno si es mágico, es incomprensible…

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La Pared es infinita…

            Es algo que tienes que vivir.

            Así como el ver el temido “Paso de las Lágrimas”.

            Y hacer cumbre…

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Mario Gonçalves fresquito en la cima…

            Y abrazarte con gente que amas y la mejor comida de celebración en la vida.

            Y maravillarte con esa otra realidad, ese otro planeta en la cima del Roraima, ver esos fantasmas, esas creaciones mentales entre la niebla y las sombras, entre la roca madre y la vida que surge de ella, de la lluvia y el frío de “El Mundo Perdido”.

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El paisaje lunar de la cima del Roraima es ALUCINANTE

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Maravillados con el arcoiris que nos regaló el Maverick del Roraima, la paciencia es una virtud 🙂

No es un adiós, es un hasta luego…

            El regreso es duro, muy duro. Todos los regresos de viajes son agridulces y duros emocionalmente, pero este además es exigente porque tienes que bajar en un día, lo que subiste en dos y algo más. La luz del sol empezando a caer sobre la maleza, en cierto punto del camino, hicieron una fotografía en mi cabeza particularmente inolvidable. Volvería (y lo haré) sólo para ver y capturar esa imagen.

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La vista a la Gran Sabana se abre desde la bajada 🙂 

            El camino fue largo, sobre todo el de regreso. Logré completar 69kms., cuando en realidad son 70kms. lineales, pero problemas importantes en mi colon, producto de un intestino tan jeva como yo (en el fondo del fondo) y sobre todo la presión emocional.

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La última vez que ví a los colosos, bajo la luz de un atardecer espectacular 🙂

Cisma, derrumbes y cambios…

            Hay que vivirlo, sufrirlo, gozarlo y reflexionar sobre la experiencia, el cisma es interno e intenso.

            Lo primero que se derrumbó fue una pared de limitaciones, limitaciones físicas y limitaciones mentales. Sin querer queriendo, las mandé para el mismísimo carajo. Claro está, tuve que aprender a vivir sanamente y conscientemente con la limitación física, lo que me permitió terminar de tumbar el bastión de la barrera mental. Sí se puede. Lo logré. Sí se pudo. Puedo hacer lo que me de la gana.

            Algo cambió en mí, este hecho no lo he terminado de comprender, “la pared” sí te cambia, hay un antes y un después, hay un quiebre de algo. No es paja. (¿Verdad Juan Comini?)

            Lo cierto es que este #DestinoFotoArte Roraima me preparó para lo que he vivido este año 2015, me mostró que la paciencia y la tolerancia, son virtudes que se pueden tener y vivir en paz con ellas; aunque sí debo admitir que tenemos una relación tolerancia-odio la paciencia-la tolerancia y yo.

Datos Técnicos.

Equipo Fotográfico: mi principal cámara fue la del iPhone, guardadita en el bolsillo del pantalón y a la mano. La DSLR fue utilizada en un segundo plano, a veces estaba demasiado agotada para hacer todo el proceso de sacarla del bolso, y la Holga 120, cuyos negativos todavía no he podido digitalizar y un rollo en diapositiva que no he mandado a revelar. A la fecha el resultado fotográfico, se resume (por ahora) en:

            Roraima 16:9: Crónica Visual de Paraitepuy a Paraitepuy

Y gracias a 😉

#DestinosFotoArte: paseos fotográficos hacia destinos únicos de la geografía nacional, de la mano de Arianna Arteaga Quintero, periodista, viajera y fotógrafa que se ha dedicado al paisaje, la naturaleza y las culturas. La idea de Destinos Foto Arte y Fotos Al Aire Libre, es brindar la oportunidad de salir en grupo a fotografiar hacia destinos que probablemente no visitaríamos solos y gozar de la guía de expertos para responder tus dudas y preguntas.

Autana: los mejores para organizar paquetes de aventuras extremas en el país.

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