Divagaciones del Alma.

Me apasiona tanto, me vuelve tan loca, que acerca de lo fotográfico, voy a escribir
en primera persona.

Desde que hago fotografías (aquel momento sublime en el que dejo de ser
funcionario y empiezo a andar por el intrincando camino de la información infinita,
y que de alguna manera quiero quebrar) siempre me he preguntado, ¿qué sucede
con esas imágenes que hago en mi cabeza y no logro exteriorizar?

Me explico.

Esta semana mientras bajaba la autopista, vi una imagen que representa, en cierta
manera, mi opinión sobre la situación actual de nuestro país: dos árboles y una
roca, la piedra tiene pintada nuestro tricolor y sobre ella está sentado un soldado; a
un lado, uno de los árboles está totalmente seco y derrumbado, mientras que el
otro se está secando…

Estas palabras que intentan describir esa poderosa imagen alojada para siempre
en mi cabeza, este “texto” no le hace justicia a eso real, que mis ojos vieron y que
mi imaginario interpretó en décimas de segundos.

Esa imagen perdida, viene a formar parte de ese álbum que guarda mi memoria, de
esas fotografías perdidas… Perdidas en mi cabeza e imposibles de materializar,
como esos dos fetos que mi madre perdió antes que yo naciera…

No llegaron a ser y nunca serán, pero son “reales” en algún lugar recóndito de mi
imaginación… ¿o no lo son?

¿Por qué traigo a colación una (quizás) reflexión un tanto profunda y (quizás)
abstracta?

Me respondo a mi misma, y le respondo a uds.: la colectiva “Divagaciones del Alma”
de Juan Bimba y sus amigos, rescataron de mi memoria esas interrogantes, esas
conversaciones conmigo sobre la imagen: qué es y no es, la que quiso ser y nunca
fue.

La primera imagen de esta colectiva, puede resultar aburrida para el ojo no
entrenado, para ese spectator que se limita a consumir masivamente imágenes en
las redes sociales (desde la marcha por Cotufa hasta los restos del último accidente
de aviación que resultó ser un suicidio-­‐homicidio); pero para mí resultó ser
irónicamente dolorosa, ya que todo empieza así, en un blanco puro, en un blanco
“celestial”, en luz pura que es lo primero que vemos cuando salimos del vientre de
nuestras madres, una luz enceguecedora…

Es también lo primero que vemos cuando nos disponemos a hacer nuestro primer
dibujo frente a una hoja en blanco y cuando comprendemos lo que realmente
significa pintar con luz.

Las miles de posibilidades que se presentan ante nuestros ojos, nuestra mirada,
todos los días, como un papel en blanco y de donde se pueden sacar infinitas
imágenes, ¿cuántas se pierden diariamente en ese espacio vacío?, ¿cuántas no
logran esa abstracción necesaria de la imaginación a las dimensiones de un plano?

Hay infinitas posibilidades…

El segundo autor nos muestra lo que pudiera denominarse un quiebre (doble
quiebre) del “concepto” tradicional de imagen (¿es acaso la imagen un concepto?).
Fragmenta, fractura el espacio-­‐tiempo, causando un ligero impacto visual y nos
hace cuestionar acerca del universo de ideas y de cómo cada una de ellas nos
puede hablar (en su lenguaje) de algo, pero lo cuestiono y me pregunto ¿no es una
imagen vista anteriormente?, ¿no es una imagen llena de historia?, ¿pudiéramos
afirmar que ese concepto de fraccionamiento, ya pertenece a un programa?. La
olvido rápidamente y al momento de escribir, me cuesta recordarla.

Luego juegan conmigo, juegan suciamente con el spectator, me muestran una foto
trampa: un retrato de un niño que me enternece y me hace sentir (quizás) ese gen
social-­‐maternal que supuestamente todas las niñas llevamos por dentro. Al mismo
tiempo y después que he decodificado toda la imagen, me doy cuenta que esta
fotografía es antigua, de principios del siglo pasado y que ese niño, ya no es…

No es niño.

No existe.

¿Habrá llegado a la adultez?

Me pregunto si se habrá casado, si tendrá descendencia… ¿Cómo habrá sido su
vida? Y caigo en cuenta del tiempo que regresa perpetuamente en esta imagen, que
es el tiempo del niño hermoso que me sonríe, qué no sabe que 100 años más tarde
su rostro será expuesto y captará mi interés, que en medio de nosotros habrá un
siglo de conocimientos, que no llegará a vivir completamente estas evoluciones y
que nunca podrá maravillarse y sorprenderse sobre las mismas.

Al mismo tiempo, pienso en el fotógrafo, ya que la ficha técnica me dice que la
fotografía es extraída de un álbum familiar y su autor “Anónimo”…

¿Quién fuiste? ¿a qué necesidad respondiste?, ¿cuál fue la última foto que hiciste?,
¿cuál fue la última imagen que viste?

Tantas interrogantes qué pueden y surgen de una simple “imagen”, pero se que las
imágenes son de todo menos simples…

La fotografía del niño que me enternece, me sorprende cada vez que la veo y la
veo… como afirma Roland Barthes se renueva inagotablemente, vuelve y regresa
perpetuamente. Y me pregunto, ¿será ésta la última imagen que yo vea antes de
morir? ¿la que se irá conmigo para la eternidad?

¿Ó será la de mi padre, niño y con un sombrero de charrito, que ví una sola vez en
la vida, precisamente al amanecer de su muerte y que no veré más nunca? Perdida
en los anales de su familia…

[…]

Voy terminando de analizar con palabras esta expo y acercándome a la imagen que
cierra la muestra fotográfica, y recuerdo (a mí y a uds.) que el texto no puede
pretender explicar lo que mi mirada percibe y consume, toda observación y
análisis de una fotografía es una experiencia vivencial e íntima. Lo que les puedo
mostrar a través de palabras, es una aproximación a esa realidad…

¿Realidad?.

Finalmente, tengo un encuentro cercano del tercer tipo con la última imagen, se
puede describir como una escala de claroscuro, claroscuro porque inicia con un
fotograma en blanco absoluto, luz absoluta y cuya última retícula es sombra
absoluta, en medio de estas dos fronteras se discierne una especie de retrato…

Es un retrato o técnicamente un retrato en doble exposición. Infiero que los sujetos
de la doble exposición son dos líderes políticos, que se oponen el uno al otro.

Se siente la búsqueda de la libertad, ese sentimiento de libertad buscada y
construida por el autor de la fotografía, autor cuyo nombre curiosamente es Juan
Bimba…

De esa búsqueda, de ese ir más allá, me encuentro que el autor creó esta pieza con
toda la intencionalidad del caso, con un manejo magistral de la información, pero
que a la vez puede resultar ambigua, cada spectator interpretará según su bagaje
cultural. Ninguno es inocente, nadie es inocente.

¿Quién es la luz?

¿Quién es la oscuridad?

Oscuridad…

Hoy paso por el mismo sitio, aquel del árbol derrumbado, caído…
aquel de esa analogía, de ese retrato-­‐país,
para mí.

Realidad, historia lineal,
ya no está, ni el caído, ni el niño con el fusil…

Miento, el niño con el fusil aún está…

Me sorprendo y me molesto conmigo,
no logré convertir esa imagen en inmortal,
se escapó, se esfumó del mundo exterior.

Esa imagen quedó inmortalizada en los anales de mi memoria,
y sé al mismo tiempo, que estoy equivocada.

Esa imagen “ficticia”
morirá,
terminará de desaparecer cuando yo lo haga…
Pero significó, significaron algo en vida…

[Ensayo reflexivo sobre el Taller
Filosofía de la Fotografía
dictado por el Prof. Erik Del Bufalo
en la Organización Nelson Garrido (ONG)].

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s